
Una vez me creí una hoja, una de esas un poco marchitadas pero a la vez nueva. Era naranja otoño. Mi locura inició en el momento que toque el zacate tan fresco y verde. Podía sentir su cariño y el olor a canela frambuesa de los árboles. Si me preguntan como me definia, podría decir que algunas veces como un robot con un poco de ficción. Me gustaba hablar por que las palabras son poderosas, sí hablará podía cambiar vidas, herir a las personas y algunas veces llevar esperanza. Pero a la gente no le importaba, nunca entendí por que si simplemente eran palabras, llegaban a asustarlos tanto. El invierno llegó y me traslade a una ciudad incontrable, no sé como creo que perdí mi tallo en ese momento. Luego aprendí a escuchar música y entendí que era más divertida que la gente. Y que la música no eran notas sino eran las palabras que el corazón no podía gritar, pero ya estaba tan cansada de ser alguien que no era y deje de ser hoja. Me convertí en Elle y pude hablar; cambie vidas, hice sueños realidad y me convertí en arte. Empezé a crear un diario en el entendí muchas cosas que el amor dura momentos pero el dolor dura toda una vida, aprendí que no quería realidad ni sueños, solo quería delicias y tormentos. Encontré un príncipe azul pero yo no era cenicienta. Una vez Dios me dijo que el contaba cada lágrima que salía de mí que no me preocupara, pero su voz era suave y miedosa, me hacía sentir completa. Ya sabemos por que existe el océano. Solo quedaba empezar todo una vez más sin arrepentimientos.. Una vez más . . una vez más. . una vez más. .
Me desperté, me levante, pensé en el deseo. Ya no había dibujos, ni pirámides, solo una hoja naranja otoño y el aire de verano para ser libre.